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Domingo 25 de enero: III domingo del tiempo ordinario

En una de las carreteras de Galilea, antes de llegar al Lago, nos encontramos con este indicador: “Cafarnaúm, la ciudad de Jesús”. Allí quiso vivir Jesús al dejar Nazaret y desde ella va a empezar su misión. Cafarnaúm, una ciudad de transito, abierta a otras razas y culturas, lejos de Jerusalén, centro del judaísmo, aquí sitúa Mateo el cumplimiento de las palabras de Isaías: la nueva luz de Galilea es el mensaje de Jesús, es Jesús mismo.

Con Jesús comienza un tiempo nuevo que exige un cambio, una nueva mentalidad. “Convertíos, se acerca el reino de los cielos”. Este es el verdadero programa de Jesús: anunciar el reinado de Dios como buena noticia. Jesús es la verdadera luz que trae alegría y liberación. Él anuncia la buena noticia de la presencia y la acción de Dios con palabras (proclamando el evangelio) y con obras (curando las dolencias del pueblo).

Hoy, en nuestra vida, en este presente histórico tan diverso de aquel, pero a la vez con tantos parecidos: situaciones de oscuridad, tristeza y desesperanza; vida y necesidad en los márgenes de la sociedad; tierra de mezcla de pueblos, de ideas, de criterios…, ¿somos capaces de percibir esa luz, esa buena noticia que nos llena de alegría y esperanza? Porque en estas circunstancias, en la vida concreta de cada uno, Dios se hace presente: nos enseña y cura, proclama la buena noticia y es luz en nuestro camino. Sí, hoy Dios sigue salvando.

La segunda parte del evangelio nos habla de la llamada de los primeros discípulos. Jesús llama a algunos junto a Él y los implica en su misión. Esta llamada tiene unas características que aparecen en el texto:

  • “Pasando junto al lago”. La llamada de los discípulos no sucede en un marco sagrado, como podía ser el templo. Jesús encuentra a sus futuros discípulos en sus tareas cotidianas. No en espectaculares manifestaciones... sino en la tarea cotidiana de estar con sus redes, en sus trabajos. Es como si hoy este Jesús se nos apareciera en nuestra casa, mientras estamos trabajando, cocinando, cuando nos divertimos, o mientras vamos camino al trabajo o al estudio... en nuestros encuentros con los amigos... Jesús pasa en el camino.
  • “Vio a dos hermanos”. Jesús ve y su mirada elige, escoge. La mirada es una propuesta. Es ya un encuentro.
  • “Los llamó y les dijo”. Su voz los llama. Es la vocación, la voz inconfundible que el discípulo reconocerá toda su vida. El discípulo solo tiene que responder. La iniciativa es suya. La vida cristiana es una respuesta a la gracia. Es Dios quien me ha buscado.
  • “Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron”. Dejar y seguir indican un cambio en el centro de la propia vida. Se deja algo porque se ha descubierto algo mejor. También par nosotros, discípulos de hoy, estamos llamados a recorrer el mismo camino de Jesús, hacer sus mismas opciones, asumir sus criterios, tener sus preferencias. Estamos llamados a confiar plenamente en su persona y tener una relación personal y vital con Cristo.

Pepita Cordovilla

Hna. Amor de Dios